Investigadores, expertos en movilidad y directivos del sector analizan los grandes desafíos que marcarán la evolución del transporte durante las próximas décadas, desde la conducción autónoma y la digitalización de las infraestructuras hasta la gobernanza del dato y los nuevos modelos de movilidad como servicio.
La transformación de la movilidad ya está en marcha. La automatización de los sistemas de transporte, la inteligencia artificial, la conectividad y la gestión inteligente de los datos están redefiniendo la forma en que personas y mercancías se desplazan. Sin embargo, el éxito de esta evolución dependerá de mucho más que del desarrollo de vehículos autónomos. Infraestructuras inteligentes, regulación, interoperabilidad y nuevos modelos de negocio serán factores determinantes para construir un sistema de transporte más seguro, eficiente y sostenible.
Para Ignasi Gómez-Belinchón, director de InMove by Railgrup, la revolución de la movilidad comenzó mucho antes de la llegada del vehículo autónomo. «¿Sabéis cuál es el elemento que ha cambiado la movilidad de las ciudades? El móvil. La gente joven ya no quiere un coche. Quiere un móvil». Su reflexión resume un cambio de paradigma en el que la propiedad del vehículo deja paso a nuevas formas de acceder a la movilidad.
La evolución tecnológica avanza, pero la conducción completamente autónoma todavía requiere tiempo. Paul Jordan, consultor de Boston Consulting Group y colaborador en proyectos de movilidad autónoma del World Economic Forum, considera que el nivel cinco de autonomía aún está lejos de convertirse en una realidad. «No es realista para los próximos diez años», afirma. En su opinión, la evolución más probable pasa por alcanzar niveles 2 y 3 de autonomía en vehículos privados y nivel 4 en robotaxis, con una previsión de tres millones de unidades operando en alrededor de un centenar de ciudades antes de 2040. Jordan destaca además que China lidera actualmente tanto el despliegue tecnológico como la confianza de los consumidores, mientras que Europa continúa condicionada por una regulación fragmentada. «Los ganadores no serán los que tengan la mejor tecnología sola, sino los que orquesten el ecosistema completo.»
La autonomía comienza sobre raíles
La automatización del transporte no empieza con el automóvil. Sergio Pérez, responsable del área de Core Technologies de Stadler, recuerda que el ferrocarril lleva años demostrando la viabilidad de estos sistemas.
«La línea 9 del metro de Barcelona ya es automática. En París, la automatización redujo la frecuencia de paso de tres minutos a minuto y medio, duplicando la capacidad de transporte sin ampliar la infraestructura». A partir de esa experiencia, Pérez considera que el debate no debería centrarse exclusivamente en los robotaxis. «Si la autonomía ya funciona sobre raíles, la clave no está en llenar las ciudades de robotaxis, sino en buscar un equilibrio entre un esqueleto ferroviario y una complementación a nivel de robotaxis.»
Infraestructuras inteligentes para una movilidad inteligente
El desarrollo del vehículo autónomo también exige una profunda transformación de las infraestructuras viarias. David Llopis, profesor e investigador del Grupo de Ingeniería de Carreteras de la Universitat Politècnica de València, advierte de que la realidad actual dista mucho de ser homogénea.
«Hay carreteras en las que no es viable la conducción autónoma. La infraestructura viaria española no es homogénea, y la fragmentación normativa municipal —cada ayuntamiento con sus propias reglas, incluso dentro de una misma comarca— convierte cualquier despliegue a escala en un laberinto administrativo.»
En su opinión, la solución pasa por convertir las carreteras en infraestructuras inteligentes capaces de comunicarse continuamente con los vehículos. «La solución pasa por transformar las carreteras en infraestructuras activas, capaces de intercambiar información en tiempo real con los vehículos que circulan sobre ellas. Una monitorización continua que sustituya a las inspecciones periódicas y permita gestionar de forma dinámica velocidades, carriles y estado del pavimento.»
La tecnología ya permite avanzar sin esperar al vehículo autónomo
Mientras buena parte del debate gira en torno a la conducción autónoma, algunos investigadores defienden que todavía existe un enorme margen para mejorar la eficiencia aprovechando tecnologías ya disponibles.
Pau Bares, profesor e investigador del CMT (Clean Mobility & Thermofluids) de la Universitat Politècnica de València, pone el foco en los hábitos de conducción. «Hay muchísimos esfuerzos en la industria para mejorar un 2 % de consumo de combustible cuando nuestra manera de conducir puede reducir el consumo hasta un 50 %.»
Antes de perseguir la autonomía total, considera más eficaz aprovechar las capacidades del vehículo conectado. «Saber cuándo se pone en rojo un semáforo permitiría conducir de forma más suave y reducir emisiones de manera drástica.»
Del coche en propiedad a la movilidad como servicio
Más allá de la tecnología, la movilidad experimentará una profunda transformación en su modelo de negocio. Para Juan Bueno, CEO de Movea Consulting, el cambio será principalmente cultural.
«La movilidad del futuro pasa por la suscripción. Pagaremos una cuota mensual según nuestras necesidades y la IA va a predecir nuestros desplazamientos, no de mañana, sino también la de dentro de un mes.»
Ese escenario, sin embargo, solo será posible si existe una gobernanza eficaz de los datos. «Lo fundamental es quién gobierna el dato. Sin una entidad que garantice el acceso anonimizado y libre a la información, cada empresa seguirá guardando la suya y el sistema no podrá funcionar conjuntamente.»
Personas, procesos y tecnología
La evolución de la movilidad no dependerá exclusivamente del desarrollo de nuevos algoritmos ni de vehículos cada vez más inteligentes. La coordinación entre infraestructuras, operadores, administraciones públicas y empresas será tan importante como los propios avances tecnológicos.
Como recuerda Ignasi Gómez-Belinchón al recuperar una conocida reflexión de Peter Drucker, «Personas, procesos y luego tecnología».
Una idea que resume el principal desafío de los próximos años. La tecnología necesaria para transformar la movilidad ya existe en gran medida. El reto pasa ahora por desarrollar infraestructuras preparadas para la conectividad, establecer marcos regulatorios que favorezcan la innovación, impulsar una gestión compartida del dato y construir un ecosistema capaz de integrar todos esos elementos. Porque el vehículo autónomo no representa el destino final, sino una pieza más dentro de un nuevo modelo de movilidad inteligente, conectado y sostenible.